Quilmes: el club Mariano Acosta, la cuna de una de Las Kamikazes

Con la presea de Oro en su poder, Fiorella Corimberto que integra la Selección argentina de handball de playa disfruta del presente de lujo. “Después de tanto esfuerzo, tuve el premio de colgarme la medalla”, afirmó.

“Sigo sin poder caer. La emoción que siento por todo lo que vivimos no tiene nombre. Todo me parece un sueño aún, pero después de tanto esfuerzo, tuve el premio de colgarme la medalla”, contó emocionada la joven de Mariano Acosta Fiorella Corimberto, que se metió de lleno en la historia de los Juegos Olímpicos de la juventud al ganar la presea dorada junto a las Kamikazes y bajo la impecable conducción de otra estandarte de la región: Leticia Brunati.

Mientras firma autógrafos y se saca fotos sin parar con los nenes que se acercaron al Parque Sarmiento para estar un rato con sus nuevas ídolas, la dama, de 17 años, señaló, en diálogo exclusivo con El Quilmeño: “Vinimos a la Villa Olímpica convencidas de que no teníamos nada. Nuestro objetivo fue hacer podio como lo habíamos concretado en el Mundial de Mauricio.Pero después que le ganamos por primera vez a Hungría comprendimos que podíamos ir por todo”.

La protagonista destacó que las chicas de la Selección Argentina disfrutaron todos los partidos en Buenos Aires, pero hubo uno que las marcó.

“Contra Hungría presentimos que podía haber algo muy grande. Fueron campeonas del mundo”, aclaró.

La quilmeña sostuvo que el trabajo que realizaron para llegar a la cima llevó tiempo y que la entrenadora fue un factor vital. “Hace tres años que entrenamos a pleno para clasificar a un campeonato por vez, y después conseguir una plaza para los Juegos. Con mi hermana Micaelahemos dejado de lado varias cosas para alcanzar las metas”. Y vaya si lo consiguió, ahora con la medalla dorada colgada.

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Las Kamikazes de beach handball ganaron la medalla de oro

Mientras muchas adolescentes sueñan con su fiesta de 15 o el viaje de egresados a Bariloche, los anhelos de Fiorella Corimberto y los de su hermana Micaela, que quedó en el grupo de Reserva de las Kamikazes para los Juegos Olímpicos de la juventud, fueron más allá de cualquier inquietud de ese calibre. Y fue contundente al expresar lo siguiente: “Junto a Mica resignamos salidas con amigos, fiestas los fines de semana porque al otro día había que levantarse para jugar o entrenar. Si queríamos ganarnos un lugar, había que hacer sacrificios”.

La dama admitió que los pequeños de Mariano Acosta se volvieron locos con la sensación que las chicas del handball de playa generaron en Buenos Aires, y al respecto confió: “Desde minis hasta mayores vinieron a vernos, con la bandera del club. Fue emocionante verlos allí apoyándonos. De no haber sido por mi club, no habría conocido el handball”.

También remarcó que en su colegio los compañeros y profesores estuvieron pendientes de ella. “Nos tuvieron una paciencia de oro, con absolutamente todo. Les agradezco por preocuparse por los resultados y alentarme. Ellos están orgullosos y ahora les encanta el deporte. Sin dudas, mi escuela, el handball y los Juegos fueron lo mejor que me pasó en el año”, cerró.

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