Corvata habla de los primeros discos de Carajo y de las muertes de Chris Cornell y Chester Bennington

Los comienzos de Carajo fueron de los más vertiginosos que le podrían haber tocado a una banda de rock: volver a volantear y cargar equipos después de haber pisado la MTV con A.N.I.M.A.L. (Corvata y Andy Vilanova venían de aquel grupo, y a ellos se les sumó Tery) mientras en las calles se peleaba por vivir. La reacción fue apretar la mordida con un debut combativo (Carajo, 2002) y luego lo inesperado: Atrapasueños (2004), un disco que se enfrentaba al caos proponiendo luz. A él vuelven hoy, establecidos pero no estancados, reeditándolo en vinilo y tocándolo entero (el viernes 28 de julio se presentan en el Teatro Vorterix y el 5 de agosto en el Teatro Flores).

El otro disco que relanzan en vinilo, El mar de las almas (2010), manda al frente a ese ADN áspero en el que conviven el metal clásico, el hardcore ochentoso y la música alternativa pesada de los 90 y los 2000, esa que viene de perder a dos soldados como Chris Cornell y Chester Bennington. Pasado, oscuridad, crisis y, al final, la irrenunciable esperanza: temario general con Marcelo Corvalán.

¿Cómo es para una banda volver a los lugares más recónditos de un disco que editaron hace mucho? Debe haber cosas que no sólo no tocaron más: quizás ni las volvieron a escuchar.

Había cosas guardadas. No te digo olvidadas porque somos una banda que trata de aprovechar al máximo todas las canciones. En 2011 hicimos un ciclo que se llamó Canciones olvidadas, y ahí agarrábamos esos temas que por una cosa o por otra dejábamos de tocar en vivo. Era el anti hit. Después, al tener tanta discografía, en un show de veinte canciones siempre van a quedar muchas afuera. Terminan ganando las más populares, es obvio: si el pibe paga una entrada y no tocás “Sacate la mierda” lo matás. Así que estábamos familiarizados con rescatar canciones, pero lo más fuerte fue meterse de lleno con cada disco. Por lo menos con Atrapasueños, que es el más viejo de los dos. Fue “guau”, encontrarte con toda la época, no sólo con un par de canciones que no tocábamos: con el momento. Lo vemos nosotros y gente de afuera, amigos y seguidores que se entusiasman y dicen “esa es mi epoca favorita, ahí los conocí”. Surgen anécdotas y sensaciones que tienen que ver con el momento.

¿Siguen viendo en los shows gente que los veía en esa época?

Y, unos poquitos. Pero aparecen. Cuando hicimos la reedición del primer disco en 2012 también. Van rotando, el público no es el mismo. Lo que está pasando es que muchos chicos que empezaron a seguir a la banda más tarde van a poder escuchar Atrapasueños entero, canciones que las van a escuchar por primera vez en vivo. Así que sí, se sintió que movió algo, removió alguna parte guardada de los que siguen a Carajo. Y a mí también, como autor me pasa de escuchar lo que escribí en ese momento y siento que siguen vigentes, que las podría volver a escribir tranquilamente. Atrapasueños de hecho fue una cosa bastante transgresora para lo que era el metal en la Argentina. Nunca nos consideramos una banda 100% de metal, pero para los chicos sí: ellos nos veían como una banda nueva dentro del género, y salir con esa tapa, ese nombre, una cosa bastante “celeste” y esperanzadora fue raro. No te digo resistido, pero fue difícil al principio. No fue un disco que de entrada llegó a gustarle a todos. Sobre todo porque el primer disco venía con ese olor de lo que fue A.N.I.M.A.L., la Gilette en la tapa, bastante social la cosa. Pero eso también nos marcó la identidad: eso de salir para otro lado de disco a disco, sorprender por el lado que nadie se imagina.

Aunque el disco compuesto en pleno estallido fue el primero, Atrapasueños también lo hicieron en épocas de incertidumbre. ¿Notás coincidencias entre el clima en el que compusiste aquellas canciones y el de ahora?

Hay cosas muy similares. No sé si está peor ahora que en el 2004, por lo que se vibra y por el laburo en sí. En ese momento quizás no era tan difícil para una banda, más allá de que nosotros éramos conocidos y todo nos era un poco más fácil. Pero así y todo no dejábamos de ser una banda nueva que se estaba haciendo de abajo y que no recurría al pasado para ganar gente sino que se la estaba jugando por algo nuevo. En 2004 era más fácil jugársela y hacerlo que hacerlo ahora. Si tuviera que empezar de cero y jugármela ahora, la verdad que no sabría. Lo que sentíamos en ese momento era “ahora estamos viviendo el sueño, estamos donde queríamos estar, lo que nos queda es disfrutar, ir más alto como ese niño del globo, y ser conscientes de lo que lo que un sueño puede lograr en nuestras vidas”. Una cosa muy optimista, dentro de Carajo y alrededor, después de lo que fue la crisis de 2001.

Están reeditado los dos discos en vinilo. ¿Le tenés cariño al formato? ¿Guardaste los tuyos?

Conservo unos cuantos, sobre todo los que más importaban. Los de heavy metal o punk, los de Anthrax, Exploited, Motörhead. Cualquier disco del estilo que se pudiera encontrar en los 80 o principios de los 90 era valiosísimo. Lo conseguíamos en Parque Rivadavia o en disquerías especializadas de Belgrano o del Centro. Uno ahorraba y tenía que elegir, y generalmente lo hacía también para conocer, porque no es como ahora, que antes de comprar un disco uno ya sabe qué trae. En ese momento era jugársela. También me quedé con algunos de U2, Bob Marley, Purple… uno no se quiere desprender de eso porque son clásicos. Y ahora, al tener en la mano el disco nuestro, sin duda que se arma una sesión de escucha de vinilo. Y la verdad que está buenísimo: el vinilo sirve para hacerle un poco el aguante a esto de que ya no se vendan CDs, de que la gente no entre a las disquerías o ni queden disquerías, y volver a encontrarse con el ritual de escuchar música.

Reeditar discos implica un ejercicio de nostalgia. ¿Ves en tu público más joven la pulsión por saber qué hay de nuevo en el rock, que está pasando ahora, o hay mucho regodeo con el pasado?

Es raro. Yo lo veo con mis hijas. La más grande tiene 15, ella nació junto con Carajo en 2001, y veo que es muy distinta la forma de escuchar música que tienen y de seguir a sus artistas favoritos. Y como se les pasa también. Hace unos años eran superfans de Paramore y ahora no le dan ni bola, no sé si porque no les gustó el último disco o qué. Es muy random la cosa. Y son de escuchar canciones, no discos enteros ni de casarse con toda la discografía de un artista. El público de Carajo es del 2000, sin duda. Esos chicos se criaron con YouTube, y quizás vas a sus habitaciones y no tengan tantos CDs como puedo tener yo, o Andy que es un gran coleccionista. Es raro para nosotros, por eso tuvimos que hacer un ejercicio con Carajo a partir de 2013: recién ahí sentimos que nos pusimos más a tiro con lo que es redes sociales, nuestra discografía en YouTube, estar en Spotify, poder alcanzar todas las herramientas nuevas que hay. De cómo promocionarte también: yo tenía charlas con nuestra manager de prensa y chocaba porque ella está acostumbrada a anunciar lanzamientos por Twitter, por ejemplo. Y yo ni tengo Twitter. Es raro, pero lo que me hace descansar es que las buenas canciones llegan a la gente. Las buenas bandas no quedan ocultas. Lo importante es tener el contenido: después, en vinilo o CD o lo que sea la gente va a encontrar las canciones.

Sabiendo lo que pasó con Chris Cornell y Chester Bennington, ¿es un desafio hacer música pesada alternativa bajando un mensaje optimista para los chicos que te escuchan, sin aprovecharte de la oscuridad que suele venir con el género?

A mí se me revuelven varias cosas. Primero, me da tranquilidad saber que con Carajo siempre tuvimos presente el tema del mensaje. En Atrapasueños encontramos nuestra bajada de línea y entendimos que no teníamos que tirar más pálidas. Para pálidas ya está nuestro país, imaginate. A mí me pasó de dejar un poquito de lado esa queja, esa cosa social que teníamos con “Sacate la mierda” y demás. Y empezamos a buscar por ese otro lado, como por ejemplo con “Resistiendo con ideas” que es otro tema del primer disco. Yo me sorprendí a mí mismo escribiendo eso, dije: “eso me salió bien, dije algo piola”. Todo empieza como una gran idea y después te pone a vos a trabajar e intentar lograrlo. Con Carajo siempre tuvimos mucho cuidado porque sabemos que somos una influencia para los chicos que nos escuchan y no todos se lo toman como entretenimiento o diversión. Hay gente que se toma muy en serio lo que digas en una canción, o que vos el día de mañana te separes: es peor que si se le separaran los padres. Y acá lo importante es ser auténtico, tenés que cantar algo que vivís. Es peligroso querer vender algo que uno no es, no es joda eso. Yo no sé qué se le puede pasar por la cabeza a una persona como Chris Cornell, que vos lo ves y querés que sea tu amigo. Se canta todo, compone, la rompe, lo quiere todo el mundo, los músicos todos dijeron que era un tipo que sonreía, cariñoso, que todos querían mucho. Lo mismo con este chico de Linkin Park. Pero ahí entra la parte espiritual, algo que con Carajo siempre abordamos y que a mí me ha tocado muy de cerca a partir de mi conversión, cuando conocí a Cristo y lo acepté. Ese es el cable a tierra que le falta a muchas personas. Es lo que me pasó a mí: yo era un tipo que tenía todo, mi mujer, mi casa, mi banda exitosa, mis amigos, y así y todo sentía una angustia, una depresión, no podía sentirme pleno. Busqué, empecé a leer, primero entré en la religión y después me fui a lo importante que es la espiritualidad, no la costumbre sino la cosa más profunda. Y ahí encontré las respuestas. Y para mí fue de vida o muerte: a mí me ha salvado la vida, lo digo sin vergüenza. Un tipo como yo podría haber caído en algo así, en una depresión. O me la creo y digo: “me suicido y quedo para la historia como un ícono, esta es la mejor manera de despedirme, que todos me recuerden, quedo como un mártir”. Los tiempos cambiaron: yo veo a Paul McCartney que sigue vivo, haciendo lo que le gusta, y es un tipo que es envidiable. Encontró la manera de que su éxito no lo derrumbe.

Están trabajando en material nuevo, ¿en qué instancia está eso?

Dándole masa a full. Estamos lentos porque andamos con varias cosas al mismo tiempo, pero estamos investigando. Tenemos canciones sueltas, medio a terminar, pero no nos entusiasma esto de “hagamos una canción, listo, la letra, se imprime”. Estamos dándole vueltas a la cosa, revolviendo el estofado. Buscando inspiración, algo que nos sorprenda de nosotros mismos y nos lave la cara de todo lo que hemos hecho. No porque no nos guste, sino porque es nuestro juego dentro del mundo Carajo: salir a sorprender. Nos encantaría tener algo para mostrar antes de fines de 2017.

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